Este artículo acerca del ausentismo escolar fue producido por Arizona Center for Investigative Reporting, una sala de redacción independiente, no partidista y sin fines de lucro dedicada a la investigación basada en datos en todo el estado, y The Hechinger Report, una organización de noticias independiente sin fines de lucro enfocada en la desigualdad y la innovación en la educación.


PARTE III

Los cierres escolares relacionados con la pandemia causaron estragos en la asistencia estudiantil. Aún después de reabrirse, las escuelas fueron impactadas por políticas estrictas de cuarentena que exigían que los estudiantes se quedaran en casa si tuvieran cualquier indicio de tos o nariz mocosa. Los estudiantes perdieron el hábito de llegar a la escuela a tiempo, o a asistir consistentemente.

En el año escolar 2021-22, los distritos y redes de escuelas chárteres en todo el país se estaban enfrentando a lo que muchos llamaron una crisis de ausentismo. Los estudiantes no estaban apareciendo en las escuelas, y los educadores tuvieron que actuar.

En Arizona, muchos reaccionaron como habían hecho antes de la pandemia: con castigos, manteniendo o subiendo el porcentaje de estudiantes suspendidos por faltar la clase. Sin embargo, otros limitaron bruscamente el número de estudiantes suspendidos por infracciones relacionadas con la asistencia tras la pandemia, mientras docenas más siguieron adelante con estrategias menos punitivas que ya habían adoptado.

Estas distinciones – ligadas directamente a las libertades otorgadas a las escuelas de Arizona de diseñar sus propias políticas disciplinarias – surgieron como parte de una investigación sobre las suspensiones relacionadas con la asistencia hecha por el Arizona Center for Investigative Reporting y The Hechinger Report que duró casi un año. Este análisis primero de su tipo encontró casi 47.000 suspensiones por faltar clase tras un periodo de cinco años, con los estudiantes afroamericanos, latinos e indígenas frecuentemente recibiendo un porcentaje desproporcionado de suspensiones. 


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Como esta táctica disciplinaria recibe apoyo dispar en diferentes escuelas, que los estudiantes la experimenten puede depender más de donde asisten a la escuela que del hecho de que faltaron a clase. 

Tome, por ejemplo, al Glendale Union High School District. Entre sus 11 escuelas, que juntas educan a casi 16.700 estudiantes, los datos del distrito demuestran que los administradores repartieron casi 12.500 suspensiones por infracciones de asistencia durante los últimos cinco años escolares. En el año escolar 2021-22, ellos infligieron casi 2.200 de estas suspensiones en la escuela – más que en cualquiera de los años anteriores analizados. Una vocera del distrito declinó comentar sobre estos datos, diciendo que estaban siendo evaluados.

Mientras tanto, Agua Fria Union High School District se movió en la dirección opuesta. El distrito de 9.200 estudiantes antes era uno de los que más suspendía a estudiantes por asistencia en todo el estado. Durante el año escolar 2017-18, sus estudiantes pasaron aproximadamente 409 días en suspensiones dentro de la escuela por infracciones de asistencia – aproximadamente 40 por ciento de todo este tipo de suspensiones, según registros del distrito. El año escolar pasado, pasaron 36 días, o un 6 por ciento.

Educadores ahí y en otros distritos que evitan usar las suspensiones relacionadas con la asistencia dicen que hacerlo requiere un enfoque dualista: enfocándose en hacer de la escuela un lugar donde los estudiantes quieren estar mientras abordan al ausentismo como un problema que resolver, en vez de un comportamiento que requiere castigo.

Ellos contienden que esa estrategia, no las suspensiones, es lo que realmente mejora la asistencia de los estudiantes – y que evita las consecuencias dañinas de excluir a alumnos del aula.

“No estamos proveyendo recursos al estudiante para lidiar de modos más saludables cuando solamente utilizamos la suspensión”, dijo Phillip Nowlin, el superintendente adjunto de académicas y escuelas del distrito Agua Fria.

“Nuestra meta es mantenerlos en el aula e identificar la raíz del comportamiento”.


Efectivamente, educadores de varios distritos que rara vez suspenden a estudiantes por infracciones de asistencia dicen que abordar las causas del ausentismo estudiantil es crucial.

En algunos distritos, los lideres de las escuelas han forjado relaciones con entidades comunitarias dispuestas a comprar despertadores para los estudiantes para ayudarlos a levantarse y a salir de sus casas a tiempo. Otros mencionaron directores de escuelas que recogían a estudiantes con sus propios vehículos para que llegaran a las clases.

En otros casos, cuando el ausentismo fue causado por dificultades académicas o bullying, la tutoría y la terapia ayudaron a que los estudiantes se re-involucraran y se mantuvieran en la clase.

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Darryl Williford es subdirector de Michael Anderson School (de kínder a 8º grado) en el Avondale Elementary School District, donde los lideres del distrito han fomentado un enfoque particularmente dirigido por datos para seguir al ausentismo estudiantil, identificando a quienes necesitan apoyo y luego enfocándose en las relaciones para atender a las necesidades de las familias.

Williford dice que antes llamaba regularmente a padres para explicarles en detalle las consecuencias que podrían enfrentar si la asistencia de su hijo/a no mejorara. Ahora, él dice, llama con la meta de descubrir que está previniendo al niño asistir a la escuela y como él podría ayudar.

Asegurándose que los niños lleguen a – y se queden en – el aula es especialmente importante dado los tipos de enseñanza y aprendizaje que son más comunes hoy en día, en los cuales los estudiantes llevan conversaciones académicas y buscan como resolver problemas juntos durante tareas prácticas, dijo él.

Él no se acuerda de la última vez que suspendió a un estudiante por faltar la clase.

“Un niño viene a la escuela y llega tarde…¿y lo voy a mandar de vuelta a su casa? Para mi eso no tiene sentido”, dijo Williford. “Mi trabajo es asegurar de que los niños estén en la escuela lo más posible”.

En algunos distritos, el cambio de no utilizar las suspensiones relacionadas a la asistencia es reciente. Pero otros educadores en Arizona han luchado en contra de esta práctica – y han promovido alternativas dirigidas a eliminar barreras a la asistencia – por años.

Bahja Ali, directora de El Dorado High School en Chandler, Ariz., entró a la educación después de haber visto a una adolecente embarazada ser suspendida de la escuela por ausencias frecuentes causadas por sus náuseas matinales. Isaac Stone Simonelli | AZCIR

Bahja Ali, quien trabajó anteriormente como trabajadora social para el estado, dijo que ser testigo de demasiadas suspensiones por infracciones de asistencia le impulsó a convertirse en educadora. Uno de los estudiantes en su carpeta de casos era una adolecente embarazada sufriendo de náuseas matinales, ella recordó. La respuesta de su escuela a su asistencia irregular prevenía que ella asistiera a clase aún cuando se sentía bien.

La voz de Ali se anima cuando cuenta esta historia.

“¿Por qué no estamos mirando al porque faltaron a la clase para empezar, en vez de ir directamente al castigo?” pregunta Ali, ahora la directora de El Dorado High School en Chandler.

Las investigaciones sobre si las suspensiones pueden ser efectivas en disuadir el ausentismo son limitadas – y el debate puede ser feroz. Los administradores en distritos que suspenden a estudiantes por infracciones de asistencia argumentaron que los estudiantes tenían que rendir cuentas por sus acciones, particularmente cuando sus ausencias crean consecuencias legales. Frecuentemente, dijeron, los niños no tomaron formas menores de castigo en serio.

Pero educadores de Arizona como Ali creen que suspender por una ausencia o una tardanza lastima más de lo que ayuda, y que no debería ocurrir en lo absoluto.


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Una escuela alternativa, El Dorado educa a alrededor de 220 estudiantes, quienes están buscando apoyo académico y del comportamiento que no podían encontrar en escuelas tradicionales. Ali les dice a los estudiantes que sus pasados les hacen quienes son, pero no los definen, y en su escuela ella crea espacio para que los estudiantes desarrollen nuevos hábitos y experimenten con nuevas identidades educacionales.

“Con cada asunto de disciplina que surge”, dijo Ali, “siempre nos estamos preguntando: ‘¿Por qué? Yo veo este comportamiento, yo conozco este comportamiento – ¿que está contribuyendo a ello? ¿Qué tenemos que hacer para superarlo?’”

Sus estudiantes lo notan.

Tyequan Colkey, un estudiante de 12º grado en El Dorado, por ejemplo, dice que pasó sus años de escuela secundaria en Buffalo regularmente siendo suspendido debido al ausentismo. Él se volvió insensible al castigo y dice que dejó de preocuparse cuando lo suspendieron. “No iba a la escuela de todos modos, pues no hacía nada”, dice. De hecho, lo único que lograba una suspensión era alienarlo más aún de la escuela.

“Me mostró que no me querían ahí de todos modos”, él dijo. “¿Entonces, por qué yo iría?”

Después de mudarse a Arizona a los 16 años, al principio él asistía a una preparatoria tradicional grande, donde se sentía perdido y sin apoyo. Él frecuentemente faltaba a clase, dijo, y cuando la pandemia cerró su escuela, lo único que tenía que hacer era ignorar su computadora.

Cuando Colkey se trasladó a El Dorado el año escolar pasado, él trajo consigo sus problemas de asistencia. Pero Ali y su personal le cayeron detrás, inundándolo con llamadas, mensajes de texto y hasta visitas a su casa, tratando de convencerlo de asistir a la escuela. Le dijeron que él era capaz y un líder y que no debería desechar su potencial. En la escuela, los profesores le daban más atención personal y se esforzaban en ayudarlo para que él entendiera el contenido de los cursos.

Tyequan Colkey, 19, is a senior at El Dorado High School, a charter high school in Chandler, Ariz. The school addresses absenteeism without suspension. Photo by Isaac Stone Simonelli | AZCIR
Tyequan Colkey, 19, pasó sus años de escuela secundaria siendo suspendido por faltar la clase en Buffalo. Cuando se mudó a Arizona, seguía con los mismos hábitos, aunque evitó las suspensiones debido al caos que resultó de la pandemia. Isaac Stone Simonelli | AZCIR

Aunque confiesa que llega tarde a veces, Colkey, 19, dice que ahora asiste a la escuela a diario.

“Están esforzándose”, dijo Colkey del personal de El Dorado. “Yo debería esforzarme, también”.

Él debe graduarse en la primavera, y espera ganarse un título universitario después de su diploma de high school.


Mientras las escuelas alternativas tienden a ser conocidas por sus poblaciones estudiantiles más pequeñas y políticas más flexibles, los lideres de algunos distritos tradicionales más grandes también se han comprometido a minimizar los castigos excesivos.

Lupita Hightower, Superintendente del Año de Arizona y la jefa del distrito escolar de Tolleson Elementary, marca la pauta para cinco escuelas que educan a alrededor de 2.900 estudiantes, abogando en contra de las suspensiones y expulsiones relacionadas con asistencia.

Para ser efectivo, el enfoque tiene que “llegar desde arriba”, ella dijo, y después “todos tienen que estar de acuerdo sobre esa filosofía”.

En el distrito escolar de Tolleson Elementary, a cada adulto se le llama “cazador/a de tesoro”, y están encargados con buscar los talentos, habilidades e inteligencia que existen en cada niño, y creer que todos los niños son capaces del éxito, “sin excepciones”. Se junta cada niño en el distrito con un/a cazador/a de tesoro adulto, como Hightower, quien chequea con el niño regularmente.

Los clubes estudiantiles y actividades extracurriculares, incluyendo un grupo mariachi premiado, tienen el objetivo de ayudar a que los estudiantes encuentren a una cálida bienvenida en sus escuelas. Una clínica de salud en el distrito, financiada con dólares filantrópicos, ayuda a tratar enfermedades tempranamente para que los niños puedan volver a la escuela. Hasta la comida escolar se considera una técnica para incitar a que los estudiantes asistan: “el día del pozole” es un evento favorito, dice Hightower, y ella ha oído a estudiantes quejarse a sus padres cuando faltan a tomar la sopa mexicana por ser recogidos temprano para ir a citas.

Aunque Hightower está orgullosa del registro disciplinario a lo largo de su periodo de casi 12 años como superintendente, el enfoque no ha existido sin críticas. Cuando el consejo escolar de Tolleson Elementary presentó en una conferencia nacional sobre sus esfuerzos para reducir las suspensiones y expulsiones, por ejemplo, algunos en el público argumentaron que el modelo significaba una falta de responsabilidad en los niños.

Hightower no lo ve así. El distrito usa mediación entre pares y un programa llamado justicia reconstituyente que incentiva a los estudiantes a tomar responsabilidad por sus acciones, mientras que limitan las suspensiones.

“Para nosotros, no es que los niños están descontrolados”, dijo Hightower. “Invertimos mucha estrategia y mucho trabajo acerca de esa filosofía y esa creencia”.

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Tara García MathewsonEducation Reporter

Tara García Mathewson covers inequality in K-12 education, nationally, for The Hechinger Report and she oversees coverage for Hechinger en Español as the languages editor.

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Maria PollettaInvestigative Reporter | Education

Maria Polletta is an investigative reporter for AZCIR focused on covering inequities in education.